Buscando motivos para celebrar como quien busca perlas en los huevos de la gallina, la democracia se presenta otra vez, con su rostro
demacrado por los años de abusos, carencias, excesos, violaciones y romances
tormentosos.
Si en una época la democracia pudo parecer hermosa y atrapó
a más de uno con su capacidad de seducción y las rejas de las penitenciarías,
esa época ya pasó.
Evidentemente, sigue habiendo personas enjauladas por la
ley. A lo que quiero referirme es, específicamente, a la capacidad de seducción.
Puede ser algo
en la ropa o en el maquillaje, tal vez está muy vieja o comienza a parecerse a
un hombre llamado Tedio que se apellida Aburrimiento.
No me explico, y no me interesa explicarme... no me explico
cuál es el sentido de la publicidad política y demás sistemas de derroche
deliberado de recursos y productos industriales, entre otros.
¿No se supone que si uno ha conocido a un político por lo
que hace, eso debería ser suficiente para evaluarlo y determinar que debe
recibir el sagrado paquete que contiene las vidas de un montón de
irresponsables que decidieron delegarlas a un cualquiera que un día se levantó
con delirios mesiánicos y quiso hacerse cargo de las exigencias de varias
toneladas de gente de poca prestancia e importancia?
¿Se supone que mi posición política va a cambiar por leer un
volante o a un personaje de mediana edad sonriendo falsamente?
Aclaro que hablo de falsedad, que el entusiasta, que soy yo,
habla de falsedad, no porque quiera decir que los discursos son falsos, cosa
que es obvia, sino porque, tristemente, están posando para un volante que
pretende dejar un grosero resumen en el basurero del inconsciente, si es que
ese lugar existe y es un gran basurero, botadero, digamos, para señalar una vez
más a la democracia y sus botantes.
En fin. Ella, la democracia, debería declararse pasada
de moda. Es, evidentemente, una falta grave contra las normas de la higiene y
el buen gusto. Otra cirugía plástica la dejaría irreconocible.
-¿Y qué es lo que propone usted?¡Criticar es muy fácil!-
diría el defensor de lo ajeno.
-Si es tan fácil ¿por qué no lo está haciendo usted?
Está claro que a mi nadie me paga por proponer soluciones ni
por hacer posible la vida de un montón de cristianos, derechistas ambidiestros. Si fuera por mi, les diría a todos que se fueran a dormir, tal vez para
siempre.
Yo no trabajo para usted ni por usted, señor, es usted el
que trabaja para mi y alimenta mis envidias hacia las personas que pueden ir
con la frente en alto sin miedo a pisar mierda porque ya están acostumbrados al
olor.
Qué fea se ha puesto la democracia. La verdad, nunca me
pareció muy linda ni muy inteligente. Qué fea se ha puesto con esas pelucas.
Qué triste es verla así, tan pobre, diciendo mentiras sobre que tiene mucho
dinero. Ha perdido todos sus dientes y tiene las uñas largas y sucias. Pobre
mujer, con esas tetas de plástico que no dan leche sino aceite para motor.
-¡Que alguien vista a esa mujer! ¡Es un espectáculo
deprimente!- diría el moralista de barrio.
- ¡Cubran esa cosa!
- ¡Cubran esa cosa!
No he logrado entender por qué las elecciones se ganan cuando todo el asunto se trata de pérdidas.
¿Cómo se puede ganar si cada vez hay menos cosas y más
polvo?¿Qué es lo que ganan además del sueldo? ¿A quién le ganan si al final
todos siguen ganándose ese sueldo?
Si tanto hablan de empleo, trabajen y cállense. No entiendo
por qué el trabajo del político es hablar babas, hablar, hablar, hablar....
Tal vez lo que digo es irresponsable y está enraizado en el
profundo desconocimiento de la realidad, en gran parte debido a la
imposibilidad de ver televisión. Siendo esa la única referencia de la realidad
posible para alguien con mi desidia informativa, me siento como un santo.
No les creo nada.
No les creo nada.
Entiendo que hay muchas personas a las que les gusta tener
esperanzas y anhelos. Los podría llegar a entender. La pregunta que les haría
es: ¿Por qué no las depositan en otra cosa?
Apuesten a los caballos, a las carreras de cucarachas, sean
creativos. Por lo menos las cucarachas no cobran salarios astronómicos ni se
hacen los próceres.
Lo único que rescato de la democracia es que conserva, además, su familiaridad con el azar. Es como asistir a un gran casino. Todo o
nada... nada, generalmente.
Hay luces como en el casino, ruido como en el casino, dinero, como en el casino, y a posibilidad de perder la vida en la ruleta, como en el casino y la ruleta rusa.
Hay luces como en el casino, ruido como en el casino, dinero, como en el casino, y a posibilidad de perder la vida en la ruleta, como en el casino y la ruleta rusa.
Entiendo que la libertad de elegir los obligue a elegir.
Elegir entre los elegidos, es tal vez el único recuerdo de que se es ciudadano
de un campo de concentración.
Qué lindo, qué democrático habría sido que en los campos de
exterminio se eligiera al oficial que atormentaba a los prisioneros, que en la
prisión se eligiera al guardia que cierra con candado la celda hacinada.
Nos falta mucho por recorrer con la vieja democracia y ella
ya no puede caminar más.
A los que todavía se compadecen, les recuerdo que ella misma
nos ha enseñado a olvidarnos de mucha gente, a condenar a muerte, a despojar,
desalojar, prohibir y castigar. Tal vez es hora de darle su merecido a esa
vieja de una vez y dejarla a sus suerte.
Que los que quieran elegir, elijan y que cada uno trabaje para el patrón
que eligió.
Yo, por lo pronto, voy a dormir.


















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