Además del frío, que demuestra sin pudor la misantropía de
las circunstancias meteorológicas, la propaganda de los políticos logra hacer
que no quiera salir más a la calle.
Personalmente, pienso que estas pandillas de desperdicio de
recursos, entre los otros crímenes que cometen, diseñan los recorridos de
sus desfiles para no tener que
pasar de vuelta por los basureros que arman a su paso.
Todo el día con sus campañas y sus comerciales de musiquita
tierna con niños que cuidan la naturaleza embadurnados de pesticidas, con el
estómago lleno de maquillaje y plásticos. Parece que la Naturaleza existiera
sólo en la televisión.
De todas maneras, no pienso ser el abogado de la naturaleza
porque creo que no lo necesite, claramente, menos de alguien que no se dedica a
la defensa ni al cumplimiento de la leyes; sin olvidar que la naturaleza tiene las
suyas propias y no se somete a las humanas.
Quiero que quede claro (Y esto lo digo entre paréntesis) que
no digo 'nuestras' cuando me refiero a las leyes porque mías no son.
En fin.
- ¿Qué tiene que ver esto de las leyes y los
políticos con la sonrisa?- preguntaría el típico inquisidor de escuela
católica, siempre sonriente y dispuesto a sabotear a los demás con su escepticismo cristiano, en el nombre de
Dios.
-TODO- diría yo- todo tiene que ver con la maldita sonrisa.
Entiendo toda esa baba de que siempre es mejor que le
sonrían a uno y no que lo amenacen y lo agredan. Lo que nadie puede decirme
es que no se puede amenazar y agredir a alguien mientras se le sonríe.
-¿Y qué es lo que te molesta tanto de la sonrisa?- me preguntaría
sonriendo cualquiera que va alegre por la vida, aunque sea un sicópata.
Lo que me molesta es que la sonrisa tenga que ver con las
sumisión y no con la risa cruel y malévola que caracteriza al humor de primera categoría.
En mi caso, prefiero no reírme tampoco de lo que me hace
reír, para no hacer concesiones
comprometedoras pero ese es otro tema.
-¡Qué bonita sonrisa tienes!- se dice la gente que puede
alardear con unos pares de dientes con los que mastica cereales transgénicos y
que le costó a sus padres un dineral.
Salir a la calle y ver a los políticos necesitados sonriendo, me da nauseas y pocas ganas de sonreír.
La sonrisa, señores, se ha convertido en una acción política
que debería ser eliminada por quien
disfruta la lucha paranoica contra el poder de las mayorías delegado a
las minorías. Yo la he eliminado de mi repertorio de gestos. La sonrisa, en
este momento, es un saludo nazi, es como persignarse, como decir Dios mío.
Nosotros, la gente del futuro. No podemos dejar que
sobrevivan ese tipo de actos y justificarlos con el inconsciente: ¡Tenemos una
responsabilidad!
Además de no tener una linda sonrisa, cosa que acepto y por
la que culpo a una deficiente genética atrofiada por las circunstancias
actuales, reconozco que tengo un problema personal con la sonrisa.
De ninguna manera quiero que nadie piense que lo voy a
obligar a no sonreír. Eso, como todo, debería ser una decisión individual y, de
todas maneras, no excluye la posibilidad de que no lo juzgue como juzgo, en mi
fuero interior, a los que se persignan o tiran un 'dios mío' (como si también fuera de ellos) de vez en cuando.
Lo que pido o, por lo menos, lo que quiero que quede claro, es que sonreír en un gesto que compromete al individuo en las más pérfidas
maneras de autohumillación entre las que se cuentan: sonreírle al jefe cuando en
realidad se lo detesta, sonreírle a cualquier vecino al que en realidad se
detesta o sonreír cuando cualquier cristiano cuenta uno de sus típicos chistes.
-¿Y por qué, de buenas a primeras, éste tipo se ha ensañado
con los cristiano como si no tuvieran suficiente con serlo?- se preguntaría el
defensor de los opresores.
- ¿Qué tiene que ver todo esto de la sonrisa con la
discriminación en contra de los cristianos?
-Lo que tiene que ver es que los cristianos tiene el humor
más horrible y aburrido de la historia- le respondería yo.
Que se hagan cargo.
¿Por creer en un fantasma no pueden reírse de nada? En fin.
Esa sonrisita de la que tanto hablo es la que tienen los políticos, la sonrisa
de católico, la que tiene Juan Pablo II en los videos cuando se ríe de un
chiste pedorro contado por uno de sus sirvientes mojigatos, monaguillos de
pacotilla.
Para
colmo, además de los políticos, se sonríen todos los mamarrachos ampliados a
tamaño de valla publicitaria que se venden para venderme a mí cosas que no puedo
comprar.
-¡Hagan una publicidad que no me sonría a mi, genios! ¡Yo no
quiero que me sonría un desconocido en la calle, exijo que retiren todo eso de
MI VISTA!¡Tengo el derecho!
Sinceramente, yo no logro entender cómo alguien puede caer
en eso. Deténganse por favor a mirarlos a los ojos porque todos tienen el
descaro de mirar directo a la lente de la cámara para exponer su mirada al juicio
público.
¿Realmente se ha detenido a mirar a los
ojos a su político de pacotilla de cabecera o a aquel modelillo al que le
confía la compra de la cena familiar?
¿No le parece un tanto grotesco?
Hoy, realmente, los invito a que nos olvidemos de esa tonta
sonrisa que nos impuso la maestra de catequesis. Dense cuenta que ha pasado de
moda, que sólo se sonríen los idiotas, los rateros, los criminales, los malos
actores.
Si se van a reír que sea una risa malévola, que sea de burla, sincera.
¿Cómo es que un gesto claramente provocado por la hipocresía se asocia con la
simpatía?¿Es que la simpatía y la hipocresía son la misma cosa? Y si sí ¿Por
qué no dejamos de llamarlas con dos nombres diferentes?
No más sonrisitas, por favor, no voy a comprar nada, no
tengo dinero.
Ahora, cada vez que un conocido me sonríe le huyo porque
pienso que quiere venderme una enciclopedia, cobrarme una factura o que vote
por él.
Si usted confía en la sonrisa, lo invito a que abra los
ojos, no sólo metafóricamente. Le digo que reemplace el gesto, que en vez de
sonreír abra los ojos, se chupe un dedo... sea creativo, sea libre de rabiar y
amargarse porque es completamente legítimo.
Ha existido por décadas ese tonto lema de que la educación
comienza en casa. Pues bien, edúquense, aprendan un nuevo control de
esfínteres, una nueva civilización que no permitirá que los tomen nunca más por
tarados.
Al que siga empeñado en sonreír, no lo voy a obligar a nada,
como ya he dicho. Simplemente, le recuerdo que, aunque la vida en 'democracia y
libertad de empresa' le dé muchos motivos para reír, esa es una forma de vida que se
impone con un garrote y ese garrote es un enemigo natural de la sonrisa, es
decir, de la dentadura.
Por último, espero haberles arrancado definitivamente la
sonrisa y, espero, recuerden que todo esto es por el bien de
ustedes.
El viejo Goebbels decía algo así como que- la propaganda
sirve para que la gente aprenda a querer el gobierno por las buenas-
astutamente, nunca fue muy explícito mencionando que hubiera otra
forma de hacer que las personas amen a su gobierno: las malas.
Más vale
sonreír.








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