05. La sonrisa


Además del frío, que demuestra sin pudor la misantropía de las circunstancias meteorológicas, la propaganda de los políticos logra hacer que no quiera salir más a la calle.
Personalmente, pienso que estas pandillas de desperdicio de recursos, entre los otros crímenes que cometen, diseñan los recorridos de sus  desfiles para no tener que pasar de vuelta por los basureros que arman a su paso.

Todo el día con sus campañas y sus comerciales de musiquita tierna con niños que cuidan la naturaleza embadurnados de pesticidas, con el estómago lleno de maquillaje y plásticos. Parece que la Naturaleza existiera sólo en la televisión.


De todas maneras, no pienso ser el abogado de la naturaleza porque creo que no lo necesite, claramente, menos de alguien que no se dedica a la defensa ni al cumplimiento de la leyes; sin olvidar que la naturaleza tiene las suyas propias y no se somete a las humanas.


Quiero que quede claro (Y esto lo digo entre paréntesis) que no digo 'nuestras' cuando me refiero a las leyes porque mías no son.
En fin.

- ¿Qué tiene que ver esto de las leyes y los políticos con la sonrisa?- preguntaría el típico inquisidor de escuela católica, siempre sonriente y dispuesto a sabotear  a los demás con su escepticismo cristiano, en el nombre de Dios.

-TODO- diría yo- todo tiene que ver con la maldita sonrisa.


Entiendo toda esa baba de que siempre es mejor que le sonrían a uno y no que lo amenacen y lo agredan. Lo que nadie puede decirme es que no se puede amenazar y agredir a alguien mientras se le sonríe.



-¿Y qué es lo que te molesta tanto de la sonrisa?- me preguntaría sonriendo cualquiera que va alegre por la vida, aunque sea un sicópata.

Lo que me molesta es que la sonrisa tenga que ver con las sumisión y no con la risa cruel y malévola que caracteriza al humor de primera categoría.



En mi caso, prefiero no reírme tampoco de lo que me hace reír, para no hacer  concesiones comprometedoras pero ese es otro tema.  


-¡Qué bonita sonrisa tienes!- se dice la gente que puede alardear con unos pares de dientes con los que mastica cereales transgénicos y que le costó a sus padres un dineral.

Salir a la calle y ver a los políticos necesitados sonriendo, me da nauseas y pocas ganas de sonreír.
La sonrisa, señores, se ha convertido en una acción política que debería ser eliminada por quien  disfruta la lucha paranoica contra el poder de las mayorías delegado a las minorías. Yo la he eliminado de mi repertorio de gestos. La sonrisa, en este momento, es un saludo nazi, es como persignarse, como decir Dios mío.

Nosotros, la gente del futuro. No podemos dejar que sobrevivan ese tipo de actos y justificarlos con el inconsciente: ¡Tenemos una responsabilidad!
Además de no tener una linda sonrisa, cosa que acepto y por la que culpo a una deficiente genética atrofiada por las circunstancias actuales, reconozco que tengo un problema personal con la sonrisa.
De ninguna manera quiero que nadie piense que lo voy a obligar a no sonreír. Eso, como todo, debería ser una decisión individual y, de todas maneras, no excluye la posibilidad de que no lo juzgue como juzgo, en mi fuero interior, a los que se persignan o tiran un 'dios mío' (como si también fuera de ellos) de vez en cuando.


Lo que pido o, por lo menos, lo que quiero que quede claro, es que sonreír en un gesto que compromete al individuo en las más pérfidas maneras de autohumillación entre las que se cuentan: sonreírle al jefe cuando en realidad se lo detesta, sonreírle a cualquier vecino al que en realidad se detesta o sonreír cuando cualquier cristiano cuenta uno de sus típicos chistes.


-¿Y por qué, de buenas a primeras, éste tipo se ha ensañado con los cristiano como si no tuvieran suficiente con serlo?- se preguntaría el defensor de los opresores.

- ¿Qué tiene que ver todo esto de la sonrisa con la discriminación en contra de los cristianos?

-Lo que tiene que ver es que los cristianos tiene el humor más horrible y aburrido de la historia- le respondería yo.

Que se hagan cargo.
¿Por creer en un fantasma no pueden reírse de nada? En fin. 
Esa sonrisita de la que tanto hablo es la que tienen los políticos, la sonrisa de católico, la que tiene Juan Pablo II en los videos cuando se ríe de un chiste pedorro contado por uno de sus sirvientes mojigatos, monaguillos de pacotilla.


Para colmo, además de los políticos, se sonríen todos los mamarrachos ampliados a tamaño de valla publicitaria que se venden para venderme a mí cosas que no puedo comprar.


-¡Hagan una publicidad que no me sonría a mi, genios! ¡Yo no quiero que me sonría un desconocido en la calle, exijo que retiren todo eso de MI VISTA!¡Tengo el derecho!

Sinceramente, yo no logro entender cómo alguien puede caer en eso. Deténganse por favor a mirarlos a los ojos porque todos tienen el descaro de mirar directo a la lente de la cámara para exponer su mirada al juicio público.
¿Realmente se ha detenido a mirar a los ojos a su político de pacotilla de cabecera o a aquel modelillo al que le confía la compra de la cena familiar?
¿No le parece un tanto grotesco?


Hoy, realmente, los invito a que nos olvidemos de esa tonta sonrisa que nos impuso la maestra de catequesis. Dense cuenta que ha pasado de moda, que sólo se sonríen los idiotas, los rateros, los criminales, los malos actores.
Si se van a reír que sea una risa malévola, que sea de burla, sincera. ¿Cómo es que un gesto claramente provocado por la hipocresía se asocia con la simpatía?¿Es que la simpatía y la hipocresía son la misma cosa? Y si sí ¿Por qué no dejamos de llamarlas con dos nombres diferentes?


No más sonrisitas, por favor, no voy a comprar nada, no tengo dinero.
Ahora, cada vez que un conocido me sonríe le huyo porque pienso que quiere venderme una enciclopedia, cobrarme una factura o que vote por él.
Si usted confía en la sonrisa, lo invito a que abra los ojos, no sólo metafóricamente. Le digo que reemplace el gesto, que en vez de sonreír abra los ojos, se chupe un dedo... sea creativo, sea libre de rabiar y amargarse porque es completamente legítimo.
Ha existido por décadas ese tonto lema de que la educación comienza en casa. Pues bien, edúquense, aprendan un nuevo control de esfínteres, una nueva civilización que no permitirá que los tomen nunca más por tarados.


Al que siga empeñado en sonreír, no lo voy a obligar a nada, como ya he dicho. Simplemente, le recuerdo que, aunque la vida en 'democracia y libertad de empresa' le dé muchos motivos para reír, esa es una forma de vida que se impone con un garrote y ese garrote es un enemigo natural de la sonrisa, es decir, de la dentadura.


Por último, espero haberles arrancado definitivamente la sonrisa y, espero, recuerden que todo esto es por el bien de ustedes.
El viejo Goebbels decía algo así como que- la propaganda sirve para que la gente aprenda a querer el gobierno por las buenas- astutamente, nunca fue muy explícito mencionando que hubiera otra forma de hacer que las personas amen a su gobierno: las malas.

Más vale sonreír.


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