06. La elección


Buscando motivos para celebrar como quien busca perlas en los huevos de la gallina, la democracia se presenta otra vez, con su rostro demacrado por los años de abusos, carencias, excesos, violaciones y romances tormentosos.


Si en una época la democracia pudo parecer hermosa y atrapó a más de uno con su capacidad de seducción y las rejas de las penitenciarías, esa época ya pasó.
Evidentemente, sigue habiendo personas enjauladas por la ley. A lo que quiero referirme es, específicamente, a la capacidad de seducción. 


Puede ser algo en la ropa o en el maquillaje, tal vez está muy vieja o comienza a parecerse a un hombre llamado Tedio que se apellida Aburrimiento.
No me explico, y no me interesa explicarme... no me explico cuál es el sentido de la publicidad política y demás sistemas de derroche deliberado de recursos y productos industriales, entre otros.
¿No se supone que si uno ha conocido a un político por lo que hace, eso debería ser suficiente para evaluarlo y determinar que debe recibir el sagrado paquete que contiene las vidas de un montón de irresponsables que decidieron delegarlas a un cualquiera que un día se levantó con delirios mesiánicos y quiso hacerse cargo de las exigencias de varias toneladas de gente de poca prestancia e importancia?


¿Se supone que mi posición política va a cambiar por leer un volante o a un personaje de mediana edad sonriendo falsamente?
Aclaro que hablo de falsedad, que el entusiasta, que soy yo, habla de falsedad, no porque quiera decir que los discursos son falsos, cosa que es obvia, sino porque, tristemente, están posando para un volante que pretende dejar un grosero resumen en el basurero del inconsciente, si es que ese lugar existe y es un gran basurero, botadero, digamos, para señalar una vez más a la democracia y sus botantes.



En fin. Ella, la democracia, debería declararse pasada de moda. Es, evidentemente, una falta grave contra las normas de la higiene y el buen gusto. Otra cirugía plástica la dejaría irreconocible.


-¿Y qué es lo que propone usted?¡Criticar es muy fácil!- diría el defensor de lo ajeno.

-Si es tan fácil ¿por qué no lo está haciendo usted?

Está claro que a mi nadie me paga por proponer soluciones ni por hacer posible la vida de un montón de cristianos, derechistas ambidiestros. Si fuera por mi, les diría a todos que se fueran a dormir, tal vez para siempre.
Yo no trabajo para usted ni por usted, señor, es usted el que trabaja para mi y alimenta mis envidias hacia las personas que pueden ir con la frente en alto sin miedo a pisar mierda porque ya están acostumbrados al olor.
Qué fea se ha puesto la democracia. La verdad, nunca me pareció muy linda ni muy inteligente. Qué fea se ha puesto con esas pelucas. Qué triste es verla así, tan pobre, diciendo mentiras sobre que tiene mucho dinero. Ha perdido todos sus dientes y tiene las uñas largas y sucias. Pobre mujer, con esas tetas de plástico que no dan leche sino aceite para motor.


-¡Que alguien vista a esa mujer! ¡Es un espectáculo deprimente!- diría el moralista de barrio.

- ¡Cubran esa cosa!

No he logrado entender por qué las elecciones se ganan cuando todo el asunto se trata de pérdidas.
¿Cómo se puede ganar si cada vez hay menos cosas y más polvo?¿Qué es lo que ganan además del sueldo? ¿A quién le ganan si al final todos siguen ganándose ese sueldo?
Si tanto hablan de empleo, trabajen y cállense. No entiendo por qué el trabajo del político es hablar babas, hablar, hablar, hablar....


Tal vez lo que digo es irresponsable y está enraizado en el profundo desconocimiento de la realidad, en gran parte debido a la imposibilidad de ver televisión. Siendo esa la única referencia de la realidad posible para alguien con mi desidia informativa, me siento como un santo.
No les creo nada.
Entiendo que hay muchas personas a las que les gusta tener esperanzas y anhelos. Los podría llegar a entender. La pregunta que les haría es: ¿Por qué no las depositan en otra cosa?
Apuesten a los caballos, a las carreras de cucarachas, sean creativos. Por lo menos las cucarachas no cobran salarios astronómicos ni se hacen los próceres.


Lo único que rescato de la democracia es que conserva, además, su familiaridad con el azar. Es como asistir a un gran casino. Todo o nada... nada, generalmente.
Hay luces como en el casino, ruido como en el casino, dinero, como en el casino, y a posibilidad de perder la vida en la ruleta, como en el casino y la ruleta rusa.


Entiendo que la libertad de elegir los obligue a elegir. Elegir entre los elegidos, es tal vez el único recuerdo de que se es ciudadano de un campo de concentración.
Qué lindo, qué democrático habría sido que en los campos de exterminio se eligiera al oficial que atormentaba a los prisioneros, que en la prisión se eligiera al guardia que cierra con candado la celda hacinada.
Nos falta mucho por recorrer con la vieja democracia y ella ya no puede caminar más.
A los que todavía se compadecen, les recuerdo que ella misma nos ha enseñado a olvidarnos de mucha gente, a condenar a muerte, a despojar, desalojar, prohibir y castigar. Tal vez es hora de darle su merecido a esa vieja de una vez y dejarla a sus suerte.  Que los que quieran elegir, elijan y que cada uno trabaje para el patrón que eligió.
Yo, por lo pronto, voy a dormir.


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