02. El viaje espacial


Reconozco que los seres humanos, además de pensar que eso de ser humano puede significar algo diferente a llevar peinados ridículos, zapatos deportivos y llaveros en los bolsillos, son criaturas feas y muy aburridas.
Los seres humanos son tan aburridos que no logran inventarse una proyección utópica de ellos mismos que no cargue con el pesado lastre de la rutina y de su apariencia grotesca.


Existe una tonta teoría que afirma que los extraterrestres son ángeles, seguramente, rollizos niños desnudos o terriblemente vestidos. En esa teoría,  los ángeles se interesan por las almas de cualquiera porque quieren ganar una apuesta que tienen con los demonios que también vendrían a ser extraterrestres. 


Yo, su filósofo de supermercado de cabecera, les anuncio que me quedo con esa y con todas las teorías a la vez por ser un tipo abierto.
Sinceramente, recomiendo ir despacio por el camino más fácil.
En nuestro caso, por razones que trataré de explicar en un momento, el camino fácil es el de creer en los extraterrestres, como muchos venían sospechando ¿Qué problema hay?
Por alguna razón, en nuestra era, la era del escepticismo científico/comercial y la ciega creencia en las ciencias como la física especulativa y la economía, se nos permite mezclar favorablemente la teoría de los ángeles con la de la conspiración, la de los nazis y la del área 51.
La fe en la ciencia y, por supuesto, la nunca caduca pero sí inexplicable actividad de tirar basura al espacio, o gente, en el peor de los casos, no cesan y están terriblemente mal enfocadas.


Con tantas películas estúpidas y siniestros espaciales, la humanidad debería haber llegado a la madurez espacial hace años. Debería haberse enterado de que, antes de llegar a hacer algo significativo en el espacio, iba a acabar con el planeta del que planeaba (y planea) irse. Ese planeta, que además no es suyo, es la única nave espacial que funcionaba, por lo menos hasta que algún genio decidió intervenir con sus palancas, ecuaciones y garrotes.
Lejano del culto al dinero, cosa que no se contradice con que mi filosofía sea de supermercado, siendo que la única forma de valorar y desear los productos del supermercado es no teniendo acceso a ellos, me refiero a él, al dinero, porque no entiendo cómo son capaces de hacernos pensar a los incautos clientes del supermercado, vilmente encerrados en pasillos de salsas y productos de aseo, que mandar al espacio una caja llena de fierros carísimos es importante para nosotros, para LA HUMANIDAD.
¿Y qué es lo que es la humanidad? ¿Cuál es? ¿La que tala bosques para jugar golf o la que juega golf para ayudar a los pobres y a los bosques?


¿Es a caso la misma humanidad que enlata atunes y que pinta árboles sobre madera la que necesita tanta atención?

-Con ese cuento de la humanidad no me van a timar a mí- grito de vez en cuando. 

-Me timaron con otros cuentos antes pero, como grité hace un instante, con ese no. Por la humanidad no doy un centavo, no vale nada y yo, de todas formas, no tengo plata.

En este mundo lo único que vale realmente es irse a otro mundo. Desde Cristo Jesús hasta el finado y no resucitado John F. Kennedy, todos, como buenos seres humanos, hemos deseado siempre largarnos de este mundo.
¿Habría que hacerse una pregunta?
Claro que sí. La pregunta es: ¿Por qué nos tenemos que ir nosotros?
¡Que se vayan ellos!
Que se vayan todos a casarse entre ellos y que le quiten a Marte esa horrible imagen bélica que tiene. Que le den una imagen positiva convirtiéndolo en lo que debería ser y en lo que, si no lo ha notado,  ya es la Tierra, la mugrosa Tierra.

-Que alguien les diga que conviertan a Marte en un gran campo de golf- eso es lo que digo.

Que se vayan todos a dar vueltas en sus carritos, a seguir una pelota. Que ganen muchos partidos, todos los partidos. Que Marte sea el planeta donde su sueño de vivir sin pobres sea posible.
¡Que lindo se debe ver el sol desde Marte! ¡Qué lindos atardeceres debe haber en Marte! !Váyanse a Marte y dejen, de una vez, este lugar horrible lleno de mosquitos, gente pobre y malos olores!


Sé que para nosotros, los perdedores, va a ser difícil reponernos de la partida de la gente más importante, de los que hacen que la humanidad sea más humana.
Tal vez no habría que hablar todo el tiempo y habría un poco de silencio si se largaran todos, si se largaran ellos, los que todo el día maquinan mensajes para convencernos de que les preocupamos más que sus cuentas bancarias, de que nos conocen aunque no seamos ni siquiera un dígito de la enorme cantidad de ceros que tienen en la cabeza porque nadie sería capaz, me atrevo a decir que ni siquiera el mismísimo dios (que debe andar ocupado haciendo otro planeta para hacer establos y galpones) de confirmar si los cálculos, si cualquier cálculo, es real.
A propósito del satélite y de permitir que la NASA siga pagándoles a un montón de nerds resentidos que se empaquen en los bolsillos presupuestos groseramente obesos, yo, para no parecer uno de esos conservadores y no lanzarme contra la tecnología, pediría que hagan útiles esos lanzamientos.


Es verdad que a nadie le importa saber sobre el clima ni sobre qué tan limpia está el agua. Es más que evidente que toda está sucia. Mi propuesta es que manden esos cohetes llenos de los más ricos y famosos, de los magnates y las vedettes. Denles todos los lujos, gasten todo el presupuesto, atragántense de manjares y licores caros. 
Nosotros, los perdedores, estamos dispuestos a darles todo con tal de que se vayan a cumplir su sueño de estar con la gente linda.
Déjennos a los ordinarios en este planeta cochino con las ratas y las palomas. Váyanse al espacio a hablar de teatro de vanguardia y de finanzas clásicas.  
Por lo único que abogo yo es porque no haya nave sin tripulantes y que todas sean cruceros de lujo. Por ese petróleo que queman esos cohetes para salir de la puerca atmósfera terrestre, han muerto miles de anónimos pobres que estamos dispuestos a olvidar con tal de que no vuelvan a lanzar un solo cohete que no esté lleno de modelos, diseñadores de modas, dignatarios, primeras damas, primeros ministros, chupamedias supremos y lobbistas de guerra.
Antes lanzaban piedras y maldiciones al cielo, ahora satélites.


Nada está mal con lanzar piedras mientras rompan la cabeza a la que se apuntó y mientras eso genere paz y sosiego espiritual. Tampoco está mal lanzar satélites siempre que: 

a) Estén llenos de gente indeseable.

b) Vayan dirigidos a la casa blanca, el pentágono o la sede de las naciones unidas.

Sé muy bien que el espacio no merece ser contaminado de una forma tan execrable pero, en este punto, hay que preocuparse por el propio cuero.




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