Reconozco que los seres humanos, además de pensar que eso de ser humano puede significar algo diferente a llevar peinados ridículos, zapatos deportivos y llaveros en los bolsillos, son criaturas feas y muy aburridas.
Los seres humanos son tan aburridos que no logran inventarse
una proyección utópica de ellos mismos que no cargue con el pesado lastre de la rutina y de su apariencia grotesca.
Existe una tonta teoría que afirma que los extraterrestres son ángeles, seguramente, rollizos niños desnudos o terriblemente vestidos. En esa teoría, los ángeles se interesan por las almas de cualquiera porque quieren ganar una apuesta que tienen con los demonios que también vendrían a ser extraterrestres.
Yo, su filósofo de supermercado de cabecera, les
anuncio que me quedo con esa y con todas las teorías a la vez por ser un tipo abierto.
Sinceramente, recomiendo ir despacio por el camino más fácil.
En nuestro caso, por razones que trataré de explicar en un
momento, el camino fácil es el de creer en los extraterrestres, como muchos
venían sospechando ¿Qué problema hay?
Por alguna
razón, en nuestra era, la era del escepticismo científico/comercial y la ciega
creencia en las ciencias como la física especulativa y la economía, se nos permite mezclar favorablemente la teoría de los ángeles con la de
la conspiración, la de los nazis y la del área 51.
La fe en la ciencia y, por supuesto, la nunca caduca pero sí inexplicable actividad de tirar basura al espacio, o gente, en el peor de los casos, no cesan y están terriblemente mal enfocadas.
La fe en la ciencia y, por supuesto, la nunca caduca pero sí inexplicable actividad de tirar basura al espacio, o gente, en el peor de los casos, no cesan y están terriblemente mal enfocadas.
Con tantas películas estúpidas y
siniestros espaciales, la humanidad debería haber llegado a la madurez espacial hace años. Debería haberse enterado de que, antes de llegar a hacer algo significativo en el espacio,
iba a acabar con el planeta del que planeaba (y planea) irse. Ese planeta, que además no es suyo, es la única nave espacial
que funcionaba, por lo menos hasta que algún genio decidió intervenir con sus palancas, ecuaciones y garrotes.
Lejano del culto al dinero, cosa que no se contradice con que
mi filosofía sea de supermercado, siendo que la única forma de valorar y desear
los productos del supermercado es no teniendo acceso a ellos, me refiero a él,
al dinero, porque no entiendo cómo son capaces de hacernos pensar a los
incautos clientes del supermercado, vilmente encerrados en pasillos de salsas y
productos de aseo, que mandar al espacio una caja llena de fierros carísimos es importante
para nosotros, para LA HUMANIDAD.
¿Y qué es lo que es la humanidad? ¿Cuál es? ¿La que tala
bosques para jugar golf o la que juega golf para ayudar a los pobres y a los
bosques?
¿Es a caso la misma humanidad que enlata atunes y que pinta
árboles sobre madera la que necesita tanta atención?
-Con ese cuento de la humanidad no me van a timar a mí- grito de vez en cuando.
-Me
timaron con otros cuentos antes pero, como grité hace un instante, con ese no. Por la humanidad no doy un centavo, no
vale nada y yo, de todas formas, no tengo plata.
En este mundo lo único que vale realmente es irse a otro
mundo. Desde Cristo Jesús hasta el finado y no resucitado John F. Kennedy,
todos, como buenos seres humanos, hemos deseado siempre largarnos de este
mundo.
¿Habría que hacerse una pregunta?
Claro que sí. La pregunta es: ¿Por qué nos tenemos que ir
nosotros?
¡Que se vayan ellos!
Que se vayan todos a casarse entre ellos y que le quiten a
Marte esa horrible imagen bélica que tiene. Que le den una imagen positiva
convirtiéndolo en lo que debería ser y en lo que, si no lo ha notado, ya es la Tierra, la mugrosa Tierra.
-Que alguien les diga que conviertan a Marte en un gran
campo de golf- eso es lo que digo.
Que se vayan todos a dar vueltas en sus carritos, a seguir
una pelota. Que ganen muchos partidos, todos los partidos. Que Marte sea el
planeta donde su sueño de vivir sin pobres sea posible.
¡Que lindo se debe ver el sol desde Marte! ¡Qué lindos
atardeceres debe haber en Marte! !Váyanse a Marte y dejen, de una vez, este lugar
horrible lleno de mosquitos, gente pobre y malos olores!
Sé que para nosotros, los perdedores, va a ser difícil
reponernos de la partida de la gente más importante, de los que hacen que la
humanidad sea más humana.
Tal vez no habría que hablar todo el tiempo y habría un poco
de silencio si se largaran todos, si se largaran ellos, los que todo el día maquinan mensajes
para convencernos de que les preocupamos más que sus cuentas bancarias, de que
nos conocen aunque no seamos ni siquiera un dígito de la enorme cantidad de ceros que tienen en la cabeza porque nadie sería capaz, me
atrevo a decir que ni siquiera el mismísimo dios (que debe andar ocupado
haciendo otro planeta para hacer establos y galpones) de confirmar si los
cálculos, si cualquier cálculo, es real.
A propósito del satélite y de permitir que la NASA siga
pagándoles a un montón de nerds resentidos que se empaquen en los bolsillos
presupuestos groseramente obesos, yo, para no parecer uno de esos conservadores
y no lanzarme contra la tecnología, pediría que hagan útiles esos lanzamientos.
Es verdad que a nadie le importa saber sobre el clima ni
sobre qué tan limpia está el agua. Es más que evidente que toda está sucia. Mi propuesta es que manden esos cohetes
llenos de los más ricos y famosos, de los magnates y las vedettes. Denles todos los lujos,
gasten todo el presupuesto, atragántense de manjares y licores caros.
Nosotros,
los perdedores, estamos dispuestos a darles todo con tal de que se vayan a cumplir
su sueño de estar con la gente linda.
Déjennos a los ordinarios en este planeta cochino con las
ratas y las palomas. Váyanse al espacio a hablar de teatro de vanguardia y de
finanzas clásicas.
Por lo único
que abogo yo es porque no haya nave sin tripulantes y que todas sean cruceros de lujo. Por
ese petróleo que queman esos cohetes para salir de la puerca atmósfera
terrestre, han muerto miles de anónimos pobres que estamos dispuestos a olvidar
con tal de que no vuelvan a lanzar un solo cohete que no esté lleno de modelos,
diseñadores de modas, dignatarios, primeras damas, primeros ministros,
chupamedias supremos y lobbistas de guerra.
Antes lanzaban piedras y maldiciones al cielo, ahora satélites.
Nada está mal con lanzar piedras mientras rompan la cabeza a
la que se apuntó y mientras eso genere paz y sosiego espiritual. Tampoco está mal lanzar
satélites siempre que:
a) Estén llenos de gente indeseable.
b) Vayan dirigidos a la casa blanca, el pentágono o la sede de
las naciones unidas.
Sé muy bien que el espacio no merece ser contaminado de una
forma tan execrable pero, en este punto, hay que preocuparse por el propio
cuero.

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